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Chocolate vence recelos femeninos en San Valentín
El 14 de febrero es un día esperado por los hombres
El 14 de febrero es un día esperado por los hombres en Japón pues, quien más, quien menos tiene una compañera o subordinada en el trabajo que mañana se desvivirá para hacerle llegar su "aprecio" en forma de bombones, pastelitos o caramelos de chocolate.

Se trata del "guiri-choco", el "chocolate por compromiso" que se entrega en esta celebración importada desde Occidente y que muestra el amor sobrehumano de los japoneses por el consumismo, venga de donde venga y aunque suponga una dolorosa experiencia para los bolsillos, en este caso los femeninos. Estos días podían verse, en cualquiera de los grandes almacenes de Tokio, departamentos especiales para la venta de chocolate en torno a los que se formaban colas interminables de señoras y señoritas.

Sólo por el semblante mostrado durante la compra y el dinero gastado se podía adivinar con seguridad si el destinatario de los bombones o chocolatinas era el jefe avinagrado, el colega cotilla y chivato, el recién adquirido novio o el marido aburrido cuyos únicos intereses pasan por el sake, el sumo, el béisbol e internet.

El año pasado, las mujeres japonesas se gastaron en los "guiri-chocos" de San Valentín cerca de 53.000 millones de yenes, esto es, unos 450 millones de dólares, el doble que en 1980.


Artículo originalmente publicado en: El Nuevo Diario
Regalos de Navidad
Los mejores relojes de todos los tiempos
Algo especial debió de irradiar Cronos, el dios del tiempo, cuando los griegos le situaron más allá de todos los dioses y le asignaron el papel de escribir la Historia. Nada menos que 3.500 años han pasado desde las noticias de los primeros relojes de sol, y unos pocos menos desde que el hombre consiguió fabricar dos botellas de cristal iguales para meter arena y medir el tiempo.

El camino de la relojería ha sido largo y laborioso y hoy es muy difícil entender su gran significado por el mero hecho de que la hora nos la dan gratis y está marcada por todos los rincones. Basta con adentrarse en el siglo XVII, época en la que no había ni luz, para comprender que tener un reloj en esos tiempos debía de ser algo mágico y al alcance de muy pocos.

Aunque perder la noción del tiempo es a veces de lo más relajado y gratificante, el hecho es que para media humanidad la medida del tiempo ha sido una obsesión permanente, hasta el punto de haber provocado en los albores del siglo XXI una nueva enfermedad, 'la relojitis'; es decir, la fiebre desmesurada por los relojes. Y todo, porque los relojes son al hombre lo que las joyas a la mujer: una pasión que va creciendo con los años, porque para el hombre el reloj es el complemento ideal de su atuendo y el objeto que marca a la persona.

«Dime qué reloj llevas y te diré quién eres», parece insinuar la incesante y avasalladora publicidad, sobre todo, en los preámbulos de la Navidad. Basta con echar un vistazo a los escaparates de las joyerías para ver que los relojes son como las setas. Aunque el sector se niega a dar cifras, el mercado de la relojería mueve miles de millones de euros en todo el mundo, especialmente en estas fechas navideñas. Dicen los relojeros consultados que el 60 por ciento de las ventas se realiza de septiembre a diciembre. Hay quienes no conciben su vida, y mucho menos su vestuario, sin una docena de modelos en el joyero. Y de ser posible, de marca.


Artículo originalmente publicado en: Noticiasdot.com
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